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Mientras el mundo celebra el Día Mundial del Medio Ambiente de 2026, la atención global se centra cada vez más en la urgente necesidad de tomar medidas contra el cambio climático y la protección del medio ambiente. El tema de este año, “Inspirado por la Naturaleza. Por el Clima. Por Nuestro Futuro,” destaca que la acción climática no solo consiste en reducir las emisiones de carbono, sino también en replantearse los sistemas que dan forma a las economías, las industrias y la relación entre las personas y el planeta.

En la República Dominicana, la creciente crisis medioambiental en torno al embalse de Hatillo, en Cotuí, se ha convertido en un claro ejemplo de estos retos. Hoy, las comunidades hacen de nuevo un llamado sobre la reciente contaminación del agua y exigen medidas de remediación y una mayor protección medioambiental. Su mensaje es claro: proteger el embalse de Hatillo no es solo una prioridad medioambiental, sino una necesidad social y económica.

Las comunidades dan la voz de alarma

Conocido como el mayor embalse de agua dulce de la República Dominicana y el Caribe, el Hatillo es vital para la agricultura, los ecosistemas y el suministro de agua a las comunidades situadas aguas abajo. Sin embargo, décadas de acumulación de sedimentos y la falta de un mantenimiento adecuado han contribuido a agravar la degradación ambiental, poniendo cada vez más en riesgo la salud pública y los medios de vida locales.

La preocupación pública se intensificó en diciembre de 2025, cuando los residentes de las comunidades situadas alrededor del embalse comenzaron a compartir alarmantes fotos y vídeos en las redes sociales que mostraban que el agua había adquirido un color verde brillante. En respuesta, el Ministerio de Medio Ambiente llevó a cabo análisis del agua y emitió un comunicado en el que atribuía el cambio de color del agua a una proliferación de algas.

Se han identificado múltiples fuentes posibles de contaminación, incluyendo efluentes agrícolas  y actividades industriales. Hay tres minas en operación situadas dentro de la cuenca hidrográfica que desemboca en el embalse. El Comité Nuevo Renacer (CNR), que representa a cinco comunidades afectadas —La Cerca, La Piñita, Las Lagunas, Jobo Claro y Jurungo— ha abogado por el reasentamiento lejos de las actividades mineras y sostiene que las numerosas fuentes potenciales de contaminación y los impactos ambientales asociados reflejan grandes deficiencias en la gestión medioambiental de la zona. 

Los análisis revelan graves riesgos

Los estudios microbiológicos posteriores realizados entre diciembre de 2025 y enero de 2026 por el Instituto de Microbiología y Parasitología (IMPA) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), junto con los análisis del Laboratorio Franja, revelaron hallazgos alarmantes. Los resultados, difundidos públicamente por la periodista Nairobi Viloria en el programa Te lo explico y posteriormente diseminados por Diario Libre, identificaron altas concentraciones de bacterias asociadas a la contaminación fecal, lo que indica graves riesgos sanitarios.

Los estudios también detectaron especies de Microcystis, un tipo de bacteria relacionada con la proliferación excesiva de algas que provoca la depleción de oxígeno y puede producir potentes toxinas perjudiciales para la salud humana, el ganado y la vida acuática. Además, se identificaron otros tipos de microalgas que indican aguas ricas en nutrientes, altas cargas orgánicas y desequilibrio ecológico. En conjunto, estos hallazgos sugieren que el embalse está sufriendo un deterioro ambiental progresivo. También se registraron niveles elevados de nitrógeno y fósforo, lo que contribuye a la proliferación de algas nocivas.

También hay metales pesados

Un análisis del Laboratorio Franja reveló concentraciones elevadas de metales pesados y sustancias tóxicas, entre ellas níquel, cromo total, manganeso, sulfatos y cianuro, algunas de las cuales superan los umbrales de seguridad establecidos. Estos resultados apuntan a múltiples fuentes de contaminación, entre las que probablemente se incluyen actividades mineras, vertidos industriales, escorrentías agrícolas y residuos urbanos. 

Resulta particularmente preocupante los niveles de níquel, que alcanzan hasta 1.613 mg/L, muy por encima del límite permisible de 0,1 mg/L para aguas superficiales destinadas a sustentar la vida acuática. Un artículo de 2025 publicado enEnvironmental Science and Pollution Research también informó sobre niveles elevados de cobre, arsénico, antimonio, aluminio, cobalto y zinc en el embalse de Hatillo.

Tras revisar los resultados analizados por el Laboratorio Franja, la Asociación Dominicana de Ingenieros Químicos publicó un informe de 20 páginas en el que expresaba su profunda preocupación por los resultados de la calidad del agua y recomendaba un seguimiento y análisis continuos, incluyendo los sedimentos del fondo del embalse, así como la reclasificación de la calidad del agua.

La Academia de Ciencias de la República Dominicana también emitió una declaración pública instando a las autoridades a tomar medidas inmediatas. Según la declaración, la coloración verdosa observada en el embalse puede deberse a una combinación de factores, entre ellos el uso intensivo de fertilizantes y agroquímicos, la afluencia de materia orgánica, la reducción de los niveles de agua durante períodos prolongados de sequía y posibles vertidos procedentes de operaciones mineras cercanas.

Las comunidades responden a la contaminación

Más allá de las pruebas científicas, la crisis medioambiental en torno al embalse de Hatillo ha provocado una fuerte respuesta ciudadana. Los residentes de Cotuí se han movilizado para exigir medidas inmediatas, expresando su preocupación por la posible toxicidad del embalse y su impacto en la salud, los medios de vida y el medio ambiente.En marzo de 2026, los miembros de la comunidad se reunieron cada noche en el parque del pueblo para celebrar vigilias a la luz de las velas, que culminaron en una gran marcha popular el 20 de marzo.  Meses después, siguen haciendo un llamado por la justicia medioambiental y medidas urgentes para proteger y restaurar el embalse de Hatillo, como una fuente vital de agua dulce para el futuro.