Getting your Trinity Audio player ready...

In English

A principios de este verano, el Pueblo Xinka de Guatemala y sus aliados de todo el mundo se reunieron en línea para celebrar algo extraordinario: nueve años consecutivos de vigilancia frente a la mina de plata de Escobal. Día y noche, bajo la lluvia y el calor, miembros de las comunidades se han turnado para vigilar la carretera, asegurándose de que permanezca cerrada al tráfico relacionado con la mina. Se trata de uno de los campamentos de resistencia indígena más longevos del mundo.

Pero este aniversario no se limitó a los nueve años. Un orador tras otro vinculó su lucha a algo mucho más antiguo: 500 años de mujeres indígenas que se niegan a desaparecer.

Inspirándose en una historia de resistencia

Marisol Guerra, presidenta de la Comisión de la Mujer del Parlamento Xinka, lo expresó con sencillez: su pueblo nunca se ha caracterizado por su vestimenta tradicional ni por una lengua de amplia difusión; de hecho, la lengua Xinka estuvo a punto de desaparecer tras siglos de presión para erradicarla. Lo que define ahora al Pueblo Xinka, afirmó, es esta misma lucha. «Mi pueblo ha dejado de ser invisibilizado por esta lucha incansable».

Esa lucha tiene raíces profundas. El Dr. Alfonso Solórzano Contreras recordó a la multitud que el Pueblo Xinka fueron lo suficientemente valientes como para resistirse abiertamente a la colonización española y que la celebración del domingo, 14 de junio, con sus pancartas en alto, era prueba de que esa misma unidad sigue viva hoy en día.

Las mujeres al frente

Las mujeres han impulsado esta resistencia desde el principio. Daniel Orantes, que monta guardia en el campamento, describió cómo los aliados de las empresas mineras han intentado difundir rumores dirigidos específicamente contra las mujeres que acuden a los turnos, con la esperanza de enfrentar a maridos contra esposas y dividir a la comunidad desde dentro. No ha funcionado.

Marisol respondió directamente a esos ataques. El campamento, dijo, se ha convertido en un segundo hogar. «Nosotras, las mujeres, también hemos sido parte fundamental en esta lucha». 

El año pasado, viajó a Vancouver junto con la también delegada Marta Muñoz para comunicar a Pan American Silver, la empresa canadiense responsable de la mina, cuál es exactamente la postura del Pueblo Xinka. Cuando se le preguntó si algún acuerdo, incluso una participación mayoritaria en los beneficios de la mina, podría hacerles cambiar de opinión, Marisol no dudó: «Aunque nos ofrecieran un 50 % o un 70 % de participación en las operaciones, la respuesta es no… Simplemente queremos que se vayan».

Repercusiones de la mina en la salud y el medio ambiente

No se trata de resistencia por el simple hecho de resistirse. Los expertos contratados por el Pueblo Xinka han documentado la presencia de arsénico y metales pesados en la fauna y el agua locales. Los pozos que antes suministraban agua potable han descendido hasta 120 metros. Un yacimiento arqueológico sagrado fue arrasado con excavadoras hasta quedar reducido a un simple montículo. Y la presa de residuos de la mina, que se prevé que tenga más de 150 metros de altura y albergue millones de toneladas de residuos, se encuentra en una zona sísmica propensa a los deslizamientos de tierra.

En mayo de 2025, tras casi siete años de un proceso de consulta ordenado por los tribunales, el Pueblo Xinka dio su respuesta definitiva: no dan su consentimiento para que la mina vuelva a abrir. Pan American Silver aún no ha reconocido públicamente esa decisión.

Recordar el pasado y decidir el futuro

El Pueblo Xinka describe su lucha no solo como una oposición a una mina, sino como un acto de memoria. Derek Mazariegos, un investigador con el Colectivo Chiviricuarta, habló de cómo jóvenes investigadores están recuperando topónimos, historias orales y conocimientos tradicionales, en paralelo a la lucha por el agua. Contar su propia historia, dijo, es en sí mismo una forma de poder: «cuando un pueblo narra su propia historia construye una forma en la que ha sido representado y fortalece sus capacidades sobre qué futuro queremos como población».

Nueve años manteniendo un bloqueo de carretera es algo extraordinario de por sí. Hacerlo al tiempo que se reconstruye la lengua, se registra la historia y se forma a la próxima generación de líderes es algo completamente distinto. Como dijo Marisol al clausurar el aniversario: «Por la vida y nuestro territorio, aquí estamos, aquí seguimos».

Pan American Silver aún no ha reconocido públicamente la decisión del Pueblo Xinka de denegar su consentimiento para la mina Escobal. Suscríbete a las actualizaciones por correo electrónico para conocer las oportunidades de actuar.